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24th of January 2018

Mujer



Opinión | Un tsunami de verdad y hartazgo

Cien mujeres francesas del ámbito de la cultura firman un manifiesto en favor del patriarcado en Francia y su eco tiene resonancia en todo el mundo. Es la estrategia habitual, cuando las demandas feministas calan en buena parte de la sociedad y se evidencia no solo que sus reivindicaciones son justas, sino que son necesarias y urgentes, se busca rápidamente mujeres que hagan el trabajo sucio, es decir, que se enfrenten a estas demandas para ganar un poco de tiempo. El patriarcado busca mujeres para hacer el trabajo cuando éste no es aceptable para los hombres, es decir, cuando los hombres tienen miedo a hacerlo porque evidenciarían demasiado su situación de poder o porque simplemente, sus argumentos son inconsistentes. La historia tiene miles de ejemplos. En España, probablemente, el paradigma sea el enfrentamiento que sostuvo Victoria Kent con Clara Campoamor cuando ésta defendía el derecho al voto para las mujeres. El partido de Kent solo tenía una diputada y fue ella precisamente la elegida para sostener lo indefendible: la negativa al sufragio universal. Los franceses han hecho lo mismo, esconderse tras cien mujeres para defender lo indefendible: la violencia masculina, especialmente sexual, que sufrimos las mujeres en todo el mundo.

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Una estrategia tan vieja y endeble como el resto de los argumentos del manifiesto francés. Somos más de tres mil millones de mujeres en el mundo, solo faltaría que fuésemos todas iguales. El patriarcado no es un ente abstracto, tiene nombres y apellidos los de todos aquellos hombres que se benefician de la desigualdad, de quienes no respetan a las mujeres, quienes las desprecian, las agreden, las ningunean, las insultan, las violan o las matan y también los de todas las mujeres que creen que es mejor tener unas migajas de ese poder que enfrentarse al mismo.

Mucho me temo que esta vez, la jugada no les va a salir bien. El silencio es el mandato patriarcal por excelencia. Durante siglos se mantuvo la expresa prohibición a las mujeres de tener conocimiento, leer, escribir, crear, hablar en púbico… Ese pacto de silencio forjado sobre el miedo de ellas, la violencia de ellos y la indiferencia de la mayoría, había conseguido normalizar el abuso, el maltrato e incluso generar la cultura de la violación en la que vivimos. El patriarcado reacciona con sus viejos trucos porque el silencio se ha roto. Ana Orantes, Malala, el movimiento #metoo… miles de voces de mujeres en todo el mundo lo están haciendo añicos con una fuerza desconocida hasta ahora. Es el fruto del buen trabajo que el feminismo lleva haciendo, sin descanso, los últimos tres siglos. Millones de mujeres en todo el mundo han dicho se acabó. No porque el feminismo haya victimizado a las mujeres y las haya convertido en “víctimas eternas y pobres pequeñas bajo la influencia de demoníacos falócratas”, como dicen las francesas en su manifiesto, cargado de errores conceptuales y patrañas, sino por todo lo contrario. Miles de mujeres han dejado de tener miedo y están dispuestas a hablar alto y claro en las redes sociales, frente a las cámaras y frente a los tribunales. Miles de mujeres en todo el mundo saben que el silencio y la sumisión, lejos de protegernos, amparan a los perpetradores y alimentan la impunidad, gasolina de la violencia.

El patriarcado está nervioso porque sus crímenes se cuentan por millones en todo el mundo y ya no es posible esconderlos debajo de las alfombras. “Abrid ya las ventanas. Adentro las ventiscas y el aire se renueve”, escribía Carmen Martín Gaite. El patriarcado está nervioso porque se enfrenta a un tsunami de verdad y hartazgo, de infinito cansancio, de asco e indignación. No será con manifiestos y viejas artimañas como lo va a parar. Las bases están puestas, la conciencia extendida, los liderazgos numerosos y consolidados, las voces afinadas, el objetivo claro y, por primera vez, toda una industria y sus tremendos beneficios económicos se tambalea. Esto ya comenzó y nadie lo va a parar.

Nuria Varela es escritora. Su último libro se titula Cansadas: una reacción feminista ante la nueva misoginia

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